El turismo de salud en Clínicas Colina no nació como una estrategia comercial, sino como una forma de mirar a Venezuela a los ojos y decirle a su gente: “no estás sola”. Como presidente de la clínica, pocas cosas me han marcado tanto como ver a comunidades enteras recuperar la esperanza cuando la atención médica llega a nuevos horizontes.
Es ese encuentro el que da sentido a todo lo que hacemos: cuando la clínica va a la gente y cuando la gente viene a la clínica. Dos caras de un mismo compromiso que nos ha llevado a cruzar mares hasta Margarita, a llegar a las sedes de Fasmee en Sucre y Pedernales, a conectar Anzoátegui y Monagas, y a abrir las puertas de nuestro centro en Anzoátegui para que pacientes de todo el país —y más allá— encuentren aquí no solo medicina de calidad, sino un territorio que los acoge con dignidad.
La clínica va a la gente
Hay algo profundamente humano en subirse a un autobús, cruzar carreteras y llegar a un pueblo donde te esperan con los ojos llenos de esperanza. Esas jornadas donde llevamos consultas especializadas, estudios diagnósticos y evaluaciones preoperatorias a trabajadores del sistema eléctrico, jubilados de Fasmee, familias en Delta Amacuro o comunidades en el oriente, son para mí el corazón del turismo de salud.
En Pedernales no fue solo una consulta; fue decirle a madres, abuelos y trabajadores que su salud ya no depende de la distancia. En Margarita y Sucre, cruzamos mares para que el personal de Fasmee supiera que Clínicas Colina está con ellos, con oftalmología, ginecología, medicina interna, rayos X, electrocardiogramas y mucho más. Y en Maturín, conectando Anzoátegui y Monagas, atendimos a decenas de trabajadores del sistema eléctrico con la misma calidad que ofrecemos en nuestra sede principal.
Esas jornadas no son eventos; son promesas cumplidas, gestos que dicen “llegamos, escuchamos, cuidamos”.
Cuando la gente viene a la clínica
Pero el turismo de salud también significa abrir las puertas para que la gente viaje hacia nosotros, hacia un centro médico que los recibe con calidez profesional. En Anzoátegui, con nuestra certificación turística oficial, ofrecemos rutas completas: traslados seguros con aerolíneas aliadas, alojamiento confortable, atención médica de alta complejidad y recorridos por “el estado que enamora”.
Es un modelo donde el paciente no solo se cura, sino que se integra a un territorio que lo hace sentir bienvenido. Quien llega por una cirugía compleja, por un estudio avanzado o por un chequeo integral, se va no solo con salud recuperada, sino con la sensación de haber encontrado un lugar donde la medicina se vive con humanidad y orgullo regional.

Un esquema mixto que hace posible lo imposible
Lo que más me llena de orgullo es ver cómo este doble flujo —la clínica que va y la gente que viene— se sostiene en un esquema mixto de atención en salud donde todos aportamos lo mejor. La Vicepresidencia ejecutiva, el Ministerio de Turismo, empresas públicas como Corpoelec y Fasmee con sus colectivos autoadministrados de salud y empresas de seguros privadas, articulan el alcance territorial y la voluntad política.
Desde Clínicas Colina, como centro privado, aportamos nuestra responsabilidad social: experiencia clínica, equipamiento de última generación, logística médica y un compromiso ético de no dejar a nadie atrás. Es esta alianza la que hace posible que un trabajador de Monagas reciba atención de alta calidad en Maturín, que una familia de Delta Amacuro no tenga que cruzar el país para una consulta, que un paciente internacional vea en Anzoátegui un destino de sanación certificada.
El impacto en médicos y equipos: cuando la gratitud te cambia
Pero déjenme compartir algo personal: estas jornadas también transforman a nuestro equipo. Ver a doctores y especialistas atender en un centro comunitario, rodeados de gratitud sincera del pueblo más humilde, es una lección de vida.
Ese “gracias, doctora, yo nunca había tenido un examen así”, esa sonrisa de quien pensó que su salud estaba olvidada, ese abrazo de un jubilado que siente por primera vez que alguien lo ve… todo eso toca el alma del médico, del técnico, de la enfermera. Nos recuerda por qué nos levantamos cada mañana, por qué invertimos en formación, por qué construimos alianzas: porque la medicina no es solo ciencia, es también corazón.

Salud que une regiones y personas
En cada viaje —hacia los pueblos o hacia nuestra clínica— el turismo de salud teje lazos que perduran. Comunidades que se sienten vistas, trabajadores que recuperan su capacidad productiva, familias que encuentran respuestas médicas con dignidad, regiones que crecen económicamente al recibir pacientes que también son visitantes.
Ese es el verdadero poder transformador: cuando la salud deja de ser un problema aislado y se convierte en un proyecto compartido de país.
Llevando esta misión a todo Venezuela
Esta labor no se detiene en el oriente del país; es una visión que queremos extender a toda Venezuela, integrando a otros centros de salud privada en distintas regiones para multiplicar el impacto. Imaginemos un país donde clínicas de Caracas, Maracaibo, Valencia, Barquisimeto y Puerto La Cruz formen una red nacional de turismo de salud, donde cada venezolano —sin importar su ubicación— tenga acceso a atención de calidad cerca de su hogar o en un destino que lo acoja como familia. Esa es la Venezuela solidaria y sana que soñamos construir juntos.
Como presidente de Clínicas Colina, no puedo estar más agradecido por formar parte de esto. Es un honor ver cómo nuestra clínica se convierte en puente, en abrazo, en esperanza concreta para tanta gente buena de Venezuela.
Si quieres conocer las historias completas de estas jornadas, las alianzas que las sostienen y los testimonios que nos inspiran, te invito a visitar la sección de noticias de Clínicas Colina en nuestra página web. Allí encontrarás cada crónica, cada ruta, cada vida transformada por este turismo de salud que late con el corazón de Venezuela.
Gianfranco Anzellini
Gerente de Salud