Por Gianfranco Anzellini Rondón, presidente de Clínicas Colina
Una emergencia médica no avisa. Llega de golpe, interrumpe la rutina de una familia y convierte los minutos en algo mucho más valioso que tiempo: los convierte en posibilidad. En esos momentos, cuando una madre entra con dificultad para respirar, cuando un adulto mayor presenta un dolor torácico intenso, cuando un niño requiere atención inmediata o cuando un accidente cambia por completo el curso del día, lo que define la diferencia no es solo la gravedad del cuadro. También la define la capacidad real del centro de salud para responder con rapidez, criterio, coordinación y humanidad.
Siempre he creído que una clínica de alta complejidad se pone verdaderamente a prueba en el área de emergencia. Allí no hay espacio para la improvisación, para el desorden ni para la lentitud. La emergencia exige estructura, liderazgo, tecnología y un equipo humano entrenado para tomar decisiones correctas bajo presión. Por eso, cuando pensamos el crecimiento de Clínicas Colina, entendimos que no bastaba con tener especialistas o buena infraestructura: había que construir una respuesta integral, inmediata y confiable para los momentos más críticos.
La urgencia también necesita orden
A simple vista, una emergencia puede parecer caos. Llegan pacientes con distintos niveles de gravedad, familias angustiadas, síntomas que evolucionan rápido y decisiones que no pueden esperar. Pero justamente por eso, un centro de salud serio debe tener la capacidad de ordenar esa urgencia con un criterio clínico claro.
Ese criterio comienza con el triaje hospitalario, un sistema riguroso que permite clasificar a los pacientes según la gravedad de su condición para asegurar que quienes presentan patologías más severas reciban atención prioritaria. Esto no solo organiza la atención: protege vidas. Priorizar correctamente en emergencias significa entender que no todos los casos pueden abordarse en el mismo orden, porque no todos tienen el mismo nivel de riesgo.
En Clínicas Colina asumimos ese principio con absoluta responsabilidad. La prioridad médica no se decide por presión externa ni por percepción subjetiva. Se decide con método, experiencia y compromiso con la vida.
Responder no es solo recibir
Muchos centros pueden decir que tienen emergencia. Pero una cosa es recibir pacientes, y otra muy distinta es tener la capacidad de estabilizarlos, estudiarlos, movilizar especialistas y tomar decisiones oportunas en minutos. Esa es la diferencia entre atender y verdaderamente responder.
En nuestra área de emergencia, la misión es asegurar la recepción, atención y estabilización del paciente, al mismo tiempo que se coordinan estudios diagnósticos y evaluaciones especializadas con la mayor eficiencia posible. Eso solo puede lograrse cuando existe un equipo organizado y un modelo operativo pensado para actuar con rapidez desde el primer contacto.
El servicio está liderado por un coordinador y conformado por cinco equipos de trabajo, cada uno integrado por un médico, una enfermera y un camillero. Esa articulación no es casual. Es parte de una visión gerencial de salud donde cada rol importa y cada segundo cuenta.
La tecnología no sustituye al médico, pero le da poder de respuesta
He defendido siempre una idea: en salud, la tecnología debe estar al servicio de decisiones más rápidas, más precisas y más seguras. En una emergencia esto se vuelve todavía más evidente. Un equipo que no está disponible a tiempo, un monitor que falla o una imagen diagnóstica que tarda demasiado puede afectar el pronóstico del paciente.
Por eso en Clínicas Colina hemos invertido en tecnología de punta para sostener una respuesta de emergencia de alta complejidad. Nuestra sala cuenta con monitores multiparámetros, ventilador mecánico, desfibrilador eléctrico, electrocardiógrafo y equipos para el manejo avanzado de la vía aérea y accesos venosos profundos. Además, la cercanía del área de imagenología con rayos X, tomógrafo y ecógrafo permite agilizar estudios críticos y acortar tiempos de decisión diagnóstica.
No se trata de acumular equipos. Se trata de integrarlos a una lógica de atención donde todo esté diseñado para responder sin perder tiempo. Esa diferencia es fundamental.
La formación continua salva tiempo y mejora decisiones
En emergencias, la experiencia importa, pero la actualización también. Los protocolos cambian, los escenarios se vuelven más complejos y la medicina exige aprendizaje constante. Por eso una institución que quiera responder bien no puede depender solo de la buena voluntad de su personal; tiene que invertir en formación continua.R
En Clínicas Colina, el personal del área de emergencia se mantiene al día mediante actualizaciones, diplomados, cursos, talleres y simulacros de asistencia que fortalecen sus habilidades clínicas y operativas. Para mí, eso es parte de una gerencia seria en salud: entender que la preparación no es un gasto, sino una inversión directa en seguridad del paciente.
Cuando un equipo se entrena, la coordinación mejora. Cuando la coordinación mejora, las decisiones llegan antes. Y cuando las decisiones llegan antes, aumentan las posibilidades de recuperación.
La calidad humana también forma parte del protocolo
Hay algo que ninguna máquina puede reemplazar: la manera en que un paciente y su familia viven una emergencia. El miedo, la incertidumbre y la sensación de vulnerabilidad son enormes. En ese contexto, la forma en que el personal actúa, explica, contiene y acompaña también influye en la experiencia de atención.
Nuestro equipo de emergencias se distingue por su calidad humana, donde la empatía, la compasión y el profesionalismo se entrelazan para brindar una atención integral y enfocada en la recuperación. Yo creo profundamente en eso. Una emergencia no se resuelve solo con técnica; también se atraviesa con humanidad.
La confianza del paciente no nace únicamente del resultado final. Nace también de sentir que está en manos de personas preparadas, respetuosas y comprometidas con su bienestar.
Una emergencia bien resuelta revela el nivel real de una institución
Durante 2025, el servicio de emergencias de Clínicas Colina atendió a más de 930 pacientes, de los cuales 85% fueron adultos y 15% pediátricos; además, más de 740 casos correspondieron a patologías no quirúrgicas y 190 requirieron intervenciones quirúrgicas. Más allá del número, estos datos muestran algo importante: la emergencia no es un servicio marginal, es uno de los principales puntos de contacto entre la clínica y la necesidad real de la comunidad.
Y ahí es donde una institución demuestra si está preparada o no. Porque responder bien en una emergencia implica mucho más que abrir una puerta 24 horas. Implica tener proceso, personal, tecnología, respaldo diagnóstico, capacidad de estabilización y liderazgo clínico.
Eso es lo que hemos querido construir en Clínicas Colina: una emergencia que no improvise, una emergencia que priorice bien, una emergencia que actúe con rapidez, pero también con criterio. Una emergencia que entienda que detrás de cada caso hay una vida, una historia y una familia esperando una oportunidad.
La medicina que yo defiendo
Como gerente de salud y presidente de Clínicas Colina, siempre he sostenido que el verdadero desarrollo hospitalario no se mide solo en metros cuadrados o en equipos de última generación. Se mide en la capacidad de responder cuando más se necesita. Se mide en la calidad de las decisiones que se toman bajo presión. Se mide en la tranquilidad que una institución bien preparada puede ofrecer en medio del peor momento de una familia.
Esa es la medicina en la que creo: una medicina que combina estructura, tecnología, sensibilidad y visión. Una medicina donde la rapidez no excluye la calidad, y donde la alta complejidad no pierde de vista lo más importante: el ser humano.
Porque al final, una emergencia médica no solo pone a prueba al paciente. También pone a prueba a la institución. Y nuestra responsabilidad es estar listos para responder a la altura de esa prueba.